lunes, 15 de enero de 2018

Coraline contra el leviatán

Y quien pasa a ser señor de una ciudad acostumbrada a vivir libre y no la destruye 
que espere ser destruido por ella, pues en la rebelión siempre encontrará 
refugio y justificación en el nombre de la libertad y en sus antiguas instituciones, 
cosas que jamás se olvidan 
a pesar del paso del tiempo y de la generosidad del nuevo señor.                                                                                                               Nicolás Maquiavelo, El Príncipe.

            La inconformidad humana es una de las actitudes que nos determina como especie, es una sensación de insatisfacción frente al orden de las cosas que deja de ser suficiente para llenarnos el ser íntegramente. Esta sensación de inconformidad es la que nos ha llevado a adentrarnos cada vez más dentro de nosotros mismos y ha sido uno de los pilares fundamentales que sustenta la búsqueda del conocimiento y el desarrollo de nuestras capacidades técnicas e intelectuales.
Esta insatisfacción nos hace buscar maneras de ser más humanos, estamos inconformes con el mundo porque es una mierda, ergo, buscamos como hacer que deje de ser tan miserable.
Uno de los puntos de partida del humano, del hombre, que pueden funcionar como origen o remedio de esa insatisfacción y al mismo tiempo que debe funcionar para relacionarse con el mundo es la familia, esta entre muchas otras cosas, es el modelo a escala fundamental de toda sociedad y es la que permite perpetuar y adecuar un determinado sistema de valores en las nuevas generaciones. En este sentido, pues, pasaremos a tratar el tema que nos atañe a partir del largometraje Coraline, la película, basada en la novela del mismo nombre escrita por Neil Gaimane en 2002, y elaborada a partir de la técnica del stop-motion, narra la historia de una pequeña niña que se muda con su familia a una casa centenaria en mitad del campo conocida como “Palacio Rosado”, en ella, Coraline, prácticamente libre de la vigilancia de sus padres, pues estos se encuentran muy ocupados con su trabajo, descubre una pequeña puerta en el salón de la casa que la conduce a un mundo paralelo.
En este mundo paralelo habitan todos aquellos que la rodean en su círculo más inmediato con la única diferencia de que el mundo que ellos habitan parece ser un mundo idílico, sin ningún tipo de problemas, donde todo es alegría y diversión, en el que sus padres le prestan atención, sus vecinos no le causan ese cierto desagrado que si le ocasionan en su mundo, y, además, tienen la particularidad de que todos tienen botones en su rostro en lugar de ojos. En fin, es un mundo en el que todas las insatisfacciones, la inconformidad y el aburrimiento de Coraline son resueltos por la que luego descubriremos es una bruja absolutista que crea y destruye ese mundo a su antojo conocida como “la otra mamá” y que Coraline debe derrotar con la ayuda de un pequeño gato negro y de su nuevo amigo,  para ser libre de su hechizo y liberar a sus padres.
La aventura de Coraline puede ser entendida a partir de un viaje de experimentación de dos formas de concebir el Estado y sus implicaciones con respecto al individuo y sus libertades y derechos. Estas dos concepciones son las planteadas por Hobbes en Leviatán y Locke en su Segundo tratado sobre el gobierno civil.
El mundo en el que Coraline debe desenvolverse es uno en el que los valores y la autoridad parecen haberse difuminado en la comunidad, todos velan por sí mismo y son vecinos pero no se interrelacionan para coexistir en comunidad al principio. El Estado ha quedado completamente laxo, no hay un punto de referencia y de autoridad de la cual asirse, no hay unas normas que determinen la naturaleza de la convivencia ni de Coraline con sus padres ni de estos con sus vecinos. Habitan la misma mansión pero no están compenetrados ni forman comunidad, cada quien vela por sí.
Coraline se encuentra en una especie de limbo o en un estado de naturaleza en el que no está determinada por ninguna forma de gobierno más allá de la escasa autoridad de sus padres. En pleno uso de sus facultades individuales Coraline empieza su viaje explorando el mundo que la rodea y busca entenderlo para encontrar una forma de satisfacer la escasa atención que le prestan sus padres: está completamente desatendida por el Estado que encarnan sus padres y está facultada para ejercer sus libertades según ella lo considere. En este punto podemos tomar las palabras tanto de Locke como de Hobbes pues ambos estiman que el hombre en este estado está determinado por distintas condiciones.
Para Locke el estado de naturaleza es aquel en el que el hombre es completamente libre de tomar decisiones y es igual a todos sus semejantes, en ninguno de ellos hay autoridad ni superioridad de condiciones sobre el otro, coexisten y colaboran según la ley natural, pero así como están sometidos por igual ante la ley natural en el uso de su libertad también lo están en el uso de la responsabilidad por sus actos y por lo tanto la jurisprudencia recae en cada hombre por igual, la ley determina por igual y cada hombre puede castigar y juzgar por igual para restituir el orden de la ley:

Pues la ley de la naturaleza, igual que todas las demás leyes que afectan a los hombres en este mundo, sería vana si no hubiese nadie que, en el estado natura, tuviese el poder de ejecutar dicha ley protegiendo al inocente y poniendo coto al ofensor. Y si en el estado natural cualquier persona puede castigar a otra por el mal que ha hecho, todos pueden hacer lo mismo; pues en este estado de perfecta igualdad en el que no hay superioridad ni jurisdicción de uno sobre otro, cualquier cosa que uno pueda hacer para que se cumpla esa ley será algo que todos los demás tendrán también el mismo derecho de hacer. (Locke, 2006, p.13)

Por su parte, Hobbes sostiene que este estado de naturaleza es aquel en el que el hombre se encuentra en un medio hostil en el que debe velar por su supervivencia a como dé lugar valiéndose de todo método posible, en este estado el hombre, determinado por la ley natural, es el que se conoció como homo homini lupus, el hombre que devora a su igual, no viven en comunidad ni en colaboración para subsistir sino que impera la sobrevivencia del más fuerte y la libertad para ejercer los deseos del individuo para garantizar su existencia:

El derecho natural, que los escritores llaman comúnmente just naturale, es la libertad que cada hombre tiene de usar su propio poder, como él quiera, para la preservación de su propia naturaleza, es decir, de su propia vida y, por consiguiente, de hacer toda cosa que en su propio juicio, y razón, conciba como el medio más apto para aquello. (Hobbes, 2004, p.132)

De manera que, en vista de su búsqueda por una forma de desarrollarse como individuo, Coraline busca generar comunidad con algún otro en su círculo inmediato y, al no encontrar a nadie que se ajustara a sus expectativas o exigencias particulares, decide tomar el camino de la puerta y el túnel secretos en el que se le presenta este otro mundo contrapuesto en el que al parecer todos son felices y están contentos con la vida y con su forma de hacer las cosas, pero lo que se esconde detrás de esa fachada es el dominio de la bruja que ha construido ese mundo a su gusto y en el que todos sus habitantes han entregado su libertad para que el Estado, La otra mamá, les otorgue esa vida de placeres y felicidad que los mantiene alejados de las inseguridades de un mundo exterior hostil que puede interferir con su estilo de vida. Ellos han renunciado a sus derechos y a su libertad, todo en favor del Estado para no tener que tomar las decisiones que este si está dispuesto a tomar.
No obstante, la bruja se enfrenta a las condiciones que se originan en el epígrafe que da comienzo a este trabajo, ella necesita encontrar la manera de que su Estado absoluto, lo que para Maquiavelo era el Principado, se mantenga en sus cabales según lo que ella desea y para ello debe enfrentarse a las desventajas que devienen de someter a un Estado como el suyo por medio del terror. La Bruja, para mantener el equilibrio de su Estado falló en encontrar la manera de mantener el equilibrio entre “ser tenido por clemente y no por cruel” (Maquiavelo, 2008, p.99), a pesar de que pueda recurrir a la crueldad para mantener el poder de su mundo. Ella sigue un modus operandi, es seductora al principio como todo príncipe que se ha de hacer desear, es el hombre de mayor valía al que los demás deben acudir buscando protección pues es el más fuerte (Hobbes, 2004). De esta manera se le muestra a Coraline, pero el plan falla cuando ella descubre las verdaderas intenciones de la bruja para esclavizarla y hacerla formar parte de su otro mundo, el mundo que se mantiene sometido a ella.
Ante estas circunstancias Coraline empieza a sopesar para sí cuáles son sus opciones con respecto a su forma de ser en el mundo ¿huir de su responsabilidad cediendo su libertad o hacer pleno uso de ella, tomar la responsabilidad en sus manos y luchar contra ese Estado absoluto? Valdría la pena, de igual manera, hacer una pequeña mención a que las condiciones en las que Coraline se debate frente al ejercicio de su libertad individual se configuran perfectamente con la doctrina existencialista sartreana basada en la necesidad del individuo por superar el ser de mala fe al verse en una posición en la que debe tomar una decisión con respecto a cómo ella va a vivir esa contingencia, cómo se va a producir y cómo se va a generar la experiencia de enfrentarse a un Estado totalitario que quiere arrebatarle su libertad. Coraline está en la capacidad de cuestionar el sistema de valores que se le ofrecen para que sea parte de ellos y es capaz de tomar la decisión de hacerse a sí misma y llenarse de significado, tiene la oportunidad de poner en movimiento la tensión entre la facticidad y la trascendencia pues su proyecto de vida en esta contingencia está sujeto a lo que decida al enfrentarse a la bruja.
Coraline se ve en la capacidad de decidir y ella decide, al decidir se hace responsable de sus actos y busca trascender reflexionando sobre sí misma ¿ella quiere que la Bruja se apropie de su libertad o ella hará uso de su libertad para reflexionar sobre sí misma, sus decisiones y así conquistar la autenticidad de su ser y en el proceso ayudar al prójimo a ser libre de la captura de la Bruja? Coraline decide no autoengañarse ni ceder ante el dominio ni los designios de alguien más, ella es quien es, busca sobreponerse al cogito prerreflexivo en cada oportunidad que se le presenta de forma tal que es lo que no es y no es lo que es (Guevara Riera, 2000).
Así pues, dada la decisión de Coraline por enfrentarse a la entrega de sus libertades frente a un ente externo nos topamos con que Locke, en una particular sincronía con Sartre, expresa su inconformidad con respecto a la postura de Hobbes y determina en su forma de concebir el gobierno civil el dilema ante el que se encuentra Coraline pues esta decide, al final, luchar contra la bruja por su libertad y por la de sus padres que han sido víctimas de sus decisiones en su experimentación de los Estados al ser capturados por la bruja, es aquí cuando Coraline entra en el estado de guerra descrito por Locke:

Y de aquí viene el que quien intenta poner a otro hombre bajo su poder absoluto se pone a sí mismo en una situación de guerra con él; pues esa intención ha de interpretarse como una declaración o señal del que quiere atentar contra su vida. Porque yo tengo razón cuando concluyo que aquel que quiere ponerme bajo su poder sin mi consentimiento podría asimismo destruirme en cuanto le viniese en gana. Pues nadie desearía tenerme bajo su poder absoluto, si no fuera para obligarme a hacer cosas que van contra mi voluntad, es decir, para hacer de mí un esclavo. (p.23)

En este estado de guerra, previo a la definición total de la decisión de Coraline, esta reconoce que la bruja intenta apoderarse de su vida y de su alma, intenta cegarla, mediante uno de los actos más significativos y artísticos del film y que amerita particular atención: ante sus decisiones autocráticas tomando de ella sus ojos para convertirlos en botones y que ella solo vea lo que el leviatán quiere que vea, que sea lo que quiere que sea y se someta a sus designios, de lo contrario su destino es el que sufren los tres niños que encuentra apresados en el espejo al igual que el destino del “otro papá”, que decide rebelarse contra ella y termina siendo diluido por el Estado, el dejó de existir porque dejó de ser conveniente para la autócrata que él siguiera existiendo.
Usualmente decimos cosas como “no hay peor ciego que el que no quiere ver”, el sentido de la vista, la capacidad de ver por uno mismo es tomado como elemento fundamental de toda la trama pues todos aquellos que forman parte del mundo de la otra mamá han entregado una de las capacidades más elementales del ser humano, aquella capacidad por la que recibimos casi toda la información del mundo que nos rodea y que nos permite racionalizar hechos tangibles a partir de la observación empírica.
Hace falta ver el mundo para tener conciencia y un criterio individual de qué pensar sobre él y las cosas que ocurren en él. Los miembros de este mundo de la Bruja le han entregado a ella esa responsabilidad, ella les ha arrancado sus ojos, su capacidad de valerse por sí mismo.
Cuando alguno, en este caso El otro papá tuvo la osadía de rebelarse ante el absolutismo fue liquidado, cuando intentó ver y verbalizar por sí mismo aquello que el reflexionaba para sí, cuando él intentó hacer uso de su libertad de ver fue desplazado. Coraline sabía que ese sería su destino si llegase a aceptar tan engañosa oferta.
En el Estado de derecho promovido por Locke la responsabilidad individual es fundamental para el funcionamiento del gobierno civil pues el individuo es el que ve de primera mano y analiza cuales son las conductas que le convienen a su sociedad para formular el consenso. Si le entregamos nuestra capacidad de ver por nosotros mismos al leviatán entregamos nuestra soberanía individual y nuestra capacidad de discernir la cosa pública y de ejercer nuestro derecho en la toma de decisiones.
Orwell decía que la única esperanza yacía en los proles, pero ellos no lo verían hasta que se dieran cuenta de su propia fuerza y no se darán cuenta de su propia fuerza hasta que no se den cuenta de que la esperanza recae en ellos, pues ellos ya no veían por sí mismos, ellos veían a través de los ojos del Gran Hermano, el leviatán totalitario, el heredero del absolutismo.
Así, pues, tenemos que la aventura de Coraline termina cuando esta termina por tomar en sus manos la responsabilidad de sus acciones y decisiones tomadas en su estado de naturaleza: ella salió de un Estado que la desatendía por negligencia o mediocridad a causa de la falta de empatía y comunicación, a otro que para otorgarle felicidad le exigía su ciega obediencia y el control completo de sus decisiones, ella, en su error asume sus consecuencia y combate contra ese Estado absoluto por su libertad, la de sus padres y la de sus amigos.
Coraline decide proclamar la rebelión más grande que puede haber: aquella que se produce en favor de los derechos individuales del hombre en el que cada persona debe ser libre para ser en el mundo, tomar sus propias decisiones y estar, a su vez, unidos y coordinados. Todo esto mediante la existencia de un Estado de derecho, de una república liberal y democrática, en el que prive la responsabilidad individual y la colectiva para el correcto funcionamiento de la sociedad. El leviatán, es, pues, derrotado por la libertad de pensamiento. Coraline decidió acabar con una autócrata y buscar la manera de producir su propia felicidad, una felicidad verdadera, matizada, con altos y bajos, al igual que la condición humana, acompañada de sus amigos, de su familia y de sus vecinos creando comunidad a partir de la comunicación y el trabajo por lo común, perfectamente recreado en ese hermoso jardín que cultivan todos juntos.
La aventura de Coraline nos habla de las ventajas del trabajo por lo común partiendo del cultivo de las libertades individuales, si nosotros nos cultivamos a nosotros mismos en materia de derechos, de responsabilidad y de trascendencia hacia lo públicos vamos a poder conformar de manera más efectiva y empática una relación entre pares productiva con el otro que vaya más allá de un simple saludo en un pasillo. Respetar y reconocer al otro parte de la idea de la convivencia en común que nos otorga el Estado de derecho anulando el Estado de Naturaleza y poniendo en equilibro nuestras pulsiones más naturales en servicio de la coexistencia pacífica.
Esta es la lección que le ha dejado a Coraline ese mundo retorcido y perverso en el que todos se devoran entre sí. Ella tuvo la suerte (y el lujo) de experimentar los dos Estados para determinar cuál le (nos) servía más, cuál resultaba más efectivo y prometedor en cuestiones del desarrollo de la convivencia humana. Una sociedad, un Estado, un grupo humano, una relación en comunidad no puede sobrevivir ni trascenderse a partir de la desconfiaza en el otro ni ignorando los males que nos acechan y que dejamos sin resolver una y otra vez. Coraline fue perseguida por La otra mamá hasta que decidió hacerle frente. Nosotros debemos hacerle frente siempre, constantemente, a todos aquellas personas y modelos que intente superponerse a nuestra capacidad individual sobre qué es lo que queremos para nuestras vidas públicas y privadas, de lo contrario esas malas decisiones, carentes de racionalidad, impulsada solo por sentimientos negativos nos pueden conducir a Estados fallidos, por decir lo menos, y a situaciones inimaginablemente trágicas, cortesía de la ignorancia y la falta de libertades, de educación y de conciencia de ciudadanía.
Desde este punto de vista, volviendo a la perspectiva existencial, los Estados tienen que estarse haciendo, al igual que las personas, para trascenderse (Sartre dixit). Si partimos de la racionalidad individual los pueblos, los ciudadanos son capaces de superar los retos más grandes que se les presenten con el paso del tiempo. Si no se lucha y  se atraviesa el duelo de estos fantasmas despóticos, de aquellos que nos quieren transformar en el homo monini lupus, el Estado está condenado a ser arrasado finalmente por cualquier forma que cobre ese espectro, por cualquier forma que cobre ese leviatán, por el sicariato, por el narcotráfico, por la pobreza, hasta por el socialismo.

Referencias:
Guevara Riera, M. F. (2000). Límites de la filosofía moral de Sartre. Caracas: Publicaciones UCAB.
Derrida, J. (1998). Espectros de Marx: el Estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva Internacional. Madrid: Editorial Trotta.
Hobbes, T. (2004). Leviatán. Buenos Aires: Losada.
Locke, J. (2006). SegundoTratado sobre el Gobierno Civil. Un ensayo acerca del verdadero origen, alcance y fin del Gobierno Civil. España: Tecnos.
Maquiavelo, N. (2008). El Príncipe. Salamanca: Alianza Editorial.
Orwell, G. (1980). 1984. España: Salvat Editores.

Selick, H., Jennings, C. (productores) y Selick, H. (director). (2009). Coraline [Cinta cinematográfica]. EU.: Laika y Pandemonium LLC.

viernes, 12 de enero de 2018

El duelo de la hijueputez

            A veces en la vida pasan cosas que modifican nuestra forma de concebir el mundo, sea que las aceptemos o no, de igual manera nos cambian, nos permiten vivir en libertad o en una extraña opresión que no nos deja avanzar y trascender de alguna manera. Esas cosas que nos pasan y que, por cualquier razón no queremos afrontar, siempre estarán ahí, aunque las evitemos de alguna manera.
            Esas cosas que evitamos, de las que rehuimos, nos pueden afectar tanto individual como colectivamente, evitar enfrentar un problema no hará que desaparezca, esto generalmente hace que el problema sea aún más grande cuando por fin se decide afrontarlo o cuando hace su regreso triunfal para destruirnos.
            Somos vulnerables de forma colectiva cuando como especie, como familia, como grupo humano, como nación, dejamos al azar y olvidadas cosas que no necesariamente tendrían que obviarse. Puede pasar con cualquier cosa, desde un tío borracho, hasta una prima prostituta, un hermano marihuano, un patriarca desquiciado. Una nación violenta.
            Para el filósofo francés Jacques Derrida el mundo occidental ha estado acosado desde finales del siglo XIX por un mismo espectro, o por unos espectros, más concretamente que se desprenden de la misma fuente: Marx. Estos espectros nos han acosado de tal manera que hoy en día siguen haciendo resonar el espectro del que provienen y que sigue resonando en el mundo, el espectro del comunismo. Como lo describíamos antes, este espectro, esta cosa sin resolver y que sigue regresando, una y otra vez a atormentarnos, quizás, es lo que más puede estar atormentando a nuestra civilización hoy en día, nos atormenta porque tenemos una deuda, una deuda que debe ser saldada y que seguirá resurgiendo y asediándonos hasta que al fin sea cumplida.
Esta idea del espectro, de ese mal recuerdo que regresa para asediarnos hace que el tiempo se salga de sus costuras, que vuelva sobre él y que le permita al recuerdo repetirse y regresar una y otra vez, está y no está, y también deja atrás la estructura del tiempo lineal que conocemos hacia el futuro pues este proviene del pasado.
            En Latinoamérica y más específicamente en Colombia es posible identificar una serie de fantasmas que continúan apareciendo y que siguen exponiendo las costuras del tiempo en la medida en la que se manifiestan repetidamente en la literatura de cualquier manera posible.
            Partiendo desde esta idea principal, podemos establecer que en la producción literaria colombiana, desde el momento en el que Gabriel García Márquez publica Cien años de soledad y rompe con la vieja tendencia de crear una literatura de la prescripción en la forma de decir y escribir en la que no se dicen groserías, entendiendo esta idea de grosería como lingüística y descriptiva en imágenes, se inicia un proceso que puede considerarse como renovador para los modos de hacer literatura en el país de la corrección gramatical.
            Luego, estas añadiduras, que son empleadas para crear el gran relato de los Buendía, son empleadas por Fernando Vallejo en El desbarrancadero como elemento fundamental y potenciador de su novela que se vendrían a manifestar como un espectro especie de gran vulgaridad, de gran grosería, que ya no tiene frenos y que está desbocada ante la realidad nacional y literaria, ha regresado para atacar y para tener un lugar dentro de la literatura, ahora la domina y es parte de ella.
            Ahora bien, es posible generar una correlación entre lo que proponen las dos novelas a partir de la idea de lo espectral tomando todos aquellos elementos que asedian en estas dos obras y que se presentan en forma espectros manifiestos materialmente en la narración, la familia, y de la realidad nacional en la que se producen las obras, la violencia.
            En Cien años de soledad tenemos una narración llena de elementos repetitivos que se complementan con la estructura del tiempo concebida en la novela en la que las cosas constantemente se están repitiendo, siguen regresando para atormentar a la familia Buendía, tal es el caso del incesto, el incesto que da origen a la familia, a sus males atávicos y que desencadenó la furia de José Arcadio para que Úrsula al fin se abriera de piernas y pudiera dar origen a la estirpe:

La lanza de José Arcadio Buendía, arrojada con la fuerza de un toro y con la misma dirección certera con que el primer Aureliano Buendía exterminó a los tigres de la región, le atravesó la garganta [a Prudencio Aguilar]. Esa noche, mientras se velaba el cadáver en la gallera, José Arcadio Buendía entró en el dormitorio cuando su mujer se estaba poniendo el pantalón de castidad. Blandiendo la lanza frente a ella le ordenó: «Quítate eso». Úrsula no puso en duda la decisión de su marido. «Tú serás responsable de lo que pase», murmuró. José Arcadio Buendía clavó la lanza en el piso de tierra.
–Si has de parir iguanas, criaremos iguanas –dijo–. Pero no habrá más muertos en este pueblo por culpa tuya. (García Márquez, 2007, p. 32)

La furia de José Arcadio, no solo pone en marcha una maquinaria trágica que termina con “el viento profético” que destruye a Macondo luego de que Aureliano Babilonia tuviera un hijo con su tía, Amaranta Úrsula, y saliera con cola de cerdo, sino que, del mismo modo que los espectros de Derrida, este descose el tiempo y genera una y otra vez la oportunidad de resarcir el daño incestuoso que destruiría a la familia pero que al final termina ocurriendo de igual manera. El espectro incontenible, acechante siempre, asediando la debilidad de la carne de la familia Buendía, el incesto que fuera su origen regresó más fortalecido que nunca y los exterminó de la faz de la Tierra.
            Lo que ocurre con Vallejo, si bien no es un viento profético, es posible establecer una correlación entre el drama familiar, generado por el odio y la violencia de la sociedad de Medellín o de la misma Colombia, con la vida disoluta que llevan Fernando y sus hermanos a causa de La Loca y lo que ella significa al momento de moldear y romper a sus hijos y su esposo espiritual, mental y físicamente. La violencia de afuera permea la casa encarnada en La Loca, que a su vez en su Locura los expulsa a ellos al mundo en donde son moldeados por su entorno: marihuaneros, alcohólicos, sidosos, intentos de asesinato. La violencia, la hijueputez, el viento profético que algún día aniquilará a Colombia:

Y no podía ser de otro modo, regidos como vivimos por las leyes de Murphy y de la termodinámica que estipulan que: que todo lo que está bien se daña y lo que está mal se empeora. Muchachitos y muchachos de Junín, idos sois. Os borró de un plumazo Cronos, el descabezador de bellezas. Y hoy por mi pobre calle sólo transitan zombies y saltapatrases, que es en lo que se ha convertido esta raza asesina, cada día más y más mala, más y más fea, más y más bruta, más hijueputa, que camina con las dos patas metidas en el lugar común de unos tenis apestosos. ¿Por qué desperdiciará China en pruebas subterráneas tanta bomba costosa habiendo aquí donde tirarlas, a la luz del día y calentando el sol? (Vallejo, 2011, p.60)

Aquí lo que los persigue a todos es lo que Vallejo llama ‘la hujueputez’ de un ambiente familiar completamente hostil e intransigente en el que todos luchan contra todos para poder salvar su propio pellejo e imponer su propia autoridad. Fernando y su hermano, Silvio, parecen los únicos que logran romper con esa hostilidad al morir, pero lo que en realidad podríamos interpretar es que son vencidos por el espectro de sujetos como La Loca y El Gran Güevón, que a punta de ser obviados y reprimidos dentro de su interioridad terminan por acabar con ellos como acabó con el papá. Silvio se da cuenta de que nunca podrá lidiar con ella, nunca podrá hacer desaparecer la pesadilla porque la pesadilla no quiere desaparecer. Ergo decide desaparecer él.
Así, pues, podemos plantearnos una idea de aquello que nos acosa como comunidad, si bien es cierto que atrás quedaron los tiempos en los que América se podría considerar como ‘una e indivisible’, también es cierto que a pesar de que existen profundas diferencias entre nosotros compartimos ciertos rasgos muy elementales que nos han hecho parecer y percibir el mundo y al otro con la suficiente homogeneidad para sentir lo que sienten los demás.
La violencia y el drama familiar, aquél viento profético, no solo acosan a la sociedad de Medellín, a los Rendón o los Buendía, la cólera de Aureliano cuando Fernanda lo saca de quicio y destruye todo en la casa sigue vigente en todos nosotros como pueblo. Cuando el espectro del pueblo se cansa y reaparece también tiene una fuerza demoledora e imparable.
Ese espectro, hijo de la violencia y de la hijueputez es uno que es capaz de cobrar una cantidad enorme de formas, de modelarse y de, en verdad, hacerle aparecer las costuras no solo al Tiempo, sino a la historia misma y es capaz, al mismo tiempo de hacernos caer en un verdadero bucle en el que no se solucionen las causas que hicieron dar origen al espectro en primer lugar. Ahí recae la búsqueda y la insatisfacción de un Vallejo que nos muestra una sociedad desbarrancándose, la misma sociedad de papel que García Márquez identificó como heredera de una gran tragedia en la que murieron tres mil cuatrocientos ocho trabajadores, que si no lucha y atraviesa el duelo, si no libera ese recuerdo reprimido y se exorciza a sí misma de sus males será arrasada finalmente, por cualquier forma que cobre ese espectro, por el sicariato, por el narcotráfico, hasta por el socialismo.

Referencias

Derrida, J. (1998). Espectros de Marx: el Estado de la deuda, el trabajo del duelo y la nueva Internacional. Madrid: Editorial Trotta.

García Márquez, G. (2007). Cien Años de Soledad. Bogotá: Alfaguara.


Vallejo, F. (2011). El desbarrancadero. Bogotá: Alfaguara.